jueves, 20 de octubre de 2011

El eterno retorno. Una cita de Freud (“Más allá del principio del placer”)

“Eso mismo que el psicoanálisis revela en los fenómenos de trasferencia de los neuróticos puede reencontrarse también en la vida de personas no neuróticas. En estas hace la impresión de un destino que las persiguiera, de un sesgo demoníaco en su vivenciar; y desde el comienzo el psicoanálisis juzgó que ese destino fatal era autoinducido y estaba determinado por influjos de la temprana infancia. La compulsión que así se exterioriza no es diferente de la compulsión de repetición de los neuróticos, a pesar de que tales personas nunca han presentado los signos de un conflicto neurótico tramitado mediante la formación de síntoma. Se conocen individuos en quienes toda relación humana lleva a idéntico desenlace: benefactores cuyos protegidos (por disímiles que sean en lo demás) se muestran ingratos pasado cierto tiempo, y entonces parecen destinados a apurar entera la amargura de la ingratitud; hombres en quienes toda amistad termina con la traición del amigo; otros que en su vida repiten incontables veces el acto de elevar a una persona a la condición de eminente autoridad para sí mismos o aun para el público, y tras el lapso señalado la destronan para sustituirla por una nueva; amantes cuya relación tierna con la mujer recorre siempre las mismas fases y desemboca en idéntico final, etc. Este «eterno retorno de lo igual» nos asombra….”
Lic. Juan Esteban Courrèges.
www.apzoeste.com.ar

jueves, 13 de octubre de 2011

El rapto amoroso según Roland Barthes

Cita de “El discurso amoroso” de Roland Barthes: “FIGURA. Rapto del sujeto enamorado por el objeto amado: enamoramiento. O también, palabra de una ambigüedad operativa: ravissement, captura (acto de captura).
Antropológicamente: unidad de la región guerra. Paralelismo entre el vocabulario amoroso y el vocabularia militar. Vínculo conocido: poesía árabe (fitna: guerra material o ideológica y empresa de seducción sexual) y coteszia. En el extremo opuesto, el amor romántico retira el amor del código guerrero, pero reconoce al nacimiento del amor un carácter brusco, irruptivo, violento, evenemencial, semelfactivo. Romántico tardío, Robert de Bonnières (Duparc), “Manoir de Rosemonde”:
Con su diente repentino y voraz
El amor me ha mordido como un perro…
Siguiendo el rastro de mi sangre
Podrás seguir mis pasos…
La mordedura animal nos remite a lo esencial: la idea de un trauma. El amor se origina en un trauma: es como si un trauma (de naturaleza muy enigmática, o en todo caso muy variada) determinase un estado hipnoide (que, al convertirse en persistente, será elestado amoroso). A partir de este punto, el sujeto se encuentra en una fractura, la disociación de dos sistemas: uno social (de carácter ficticio) y uno amoroso (marcado por la verdad).
Este trauma original (el rapto) es una imagen, la visión, el descubrimiento, mediante la apertura repentina de unacortina o la propuesta brusca de un espejo, de una imagen. Observaciones:
1) La imagen captura, cautiva…el sujeto está atrapado, se le quedan los ojos pegados a una visión, como el niño ante el espejo (cuando se lo enseña la Madre) o como el animal, pues aunque no se reconozca, el animal se puede quedar pegado a un espejo: tiene un imaginario.
2) Esta imagen lleva a cabo una transferencia brusca (que “quema” etapas): es la hipnosis (o estado hipnoide….).
3) El carácter brusco de la imagen….

Una cita

Roland Barthes, en su seminario “El discurso amoroso”:


Dependencia.
 Enseña.


“…estoy perdido! Puede hacer conmigo lo que quiera” (Werther).

 Figura.
 Figura clásica de la enajenación amorosa: vértigo al verse totalmente atrapado por la imagen: hipnosis consciente de sí misma. Cortezia, comienzos del siglo XII (Rougemont): vasallaje amoroso. el domnei o domnoi. Esta consciencia de sumisión no se plantea forzosamente en la conducta: actúo de esta forma por dependencia, para gustar, no isgustar…pero…
 Habría que identificar las futilidades (contingencias) en las que esta dependencia estalla a los ojos del propio sujeto. Cuanto más leve es la contingencia, más vertiginosa aparece la  dependencia (Werther se sienta en el lugar en el que Charlotte se apeó del coche; Charlotte le prohíbe que se lo diga y Werther obedece.
 No obstante, la dependencia se engendra a sí misma, como en una serie infinita:


1)     El sujeto actúa enérgicamente para preservar el espacio mismo de dependencia, es decir, para permitir que la dependencia funcione. Sujeto enamorado que no se mueve para no perderse la visita, la llamada de teléfono, que a su vez generarán más dependencia.



2)    La dependencia se refuerza con su consciencia: a) terror provocado por la dependencia. b) humillación provocada por este terror.


 La sumisión es una forma de notificar la demanda: por lo tanto entra en el campo del deseo, a su vez enajenado por el deseo del otro.




Cita de "Fragmentos del discurso amoroso" de Roland Barthes

Azar.
Enseña.
…”de no haber ido nunca allí (a visitar al administrador) el azar no me habría descubierto el tesoro que se oculta en esta tranquila comarca” (Werther) (el azar: el baile en el campo).

Figura.
Simple figura mediante al cual el sujeto recuerda con asombro el azar que le hizo conocer al ser amado.

Simplemente una anotación:

1)              Tópico del discurso amoroso: recordar que se ha conocido al ser amado por casualidad. Se puede refinar el análisis de este azar y descomponiéndolo en una serie de implicaciones: “De no haber…y si…entonces nada de todo esto habría ocurrido”. Gozar del espectáculo de las implicaciones: placer demiúrgico: visto hacia atrás como una fascinación retrospectiva. En realidad, pertenece a la categoría de las evidencias fascinantes.
Es decir, tópicos cuya enormidad llega casi al vértigo. Véase el comienzo de Bouvard y Pécuchet: “Porque si a fin de cuentas no hubiéramos salido para pasear, hubiéramos podido morir sin conocernos”.
Una perogrullada: el momento en que la Estupidez se vuelve filosófica y arrastra la inteligencia como miedo de la “evidencia Cita del seminario “El discurso amoroso” de Roland Barthes:
evidente”.                             
2)              El “azar” siempre se invoca a posteriori,  por definición no puede darse en el presente: sentido retroactivo, sentido proyectado hacia el pasado. ¿Qué sentido? Precisamente el del azar. “Azar”: significado del signo elaborado a partir de la situación amorosa desarrollada.


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Carlos Pérez en “Tiempos de despertar. Lecturas de un analista” dice:
“Importa advertir lo siguiente: el miedo anuncia que, de atrevernos a un acto transgresivo, sucederá algo nefasto. Augurando una consecuencia el miedo coloca en el a posteriori lo que es puro a priori, de este modo tiende a cancelar el acto en ciernes. No es posible conocer de antemano el después del acto, porque ese acto necesariamente altera los fundamentos de lo dado previamente…
…La sabiduría popular dice que el miedo es mal consejero. Es así, pero no porque presagie algo falso o que no pueda ocurrir, sino porque el miedo tiende con sus presagios a escamotear el acto mismo. ¿El miedo es un síntoma? Lo es en caso de que logre el objetivo de suspender indefinidamente el acto en cuestión paralizando al sujeto. Otras veces, uno sabe que debe  atravesar el miedo para lograr la valentía. “


El amor desconocido según Freud

No quiero dejar pasar esta oportunidad sin expresar, otra vez, mi estupefacción por el hecho de que los seres humanos puedan recorrer tramos tan grandes y tan importantes de su vida amorosa sin notar mucho de ella y aun, a veces, sin tener de ella la mínima vislumbre; o que, cuando eso les llega a la conciencia, equivoquen tan radicalmente su juicio. Y esto no acontece sólo bajo las condiciones de la neurosis, donde estamos familiarizados con el fenómeno; parece ser lo corriente. En nuestro caso, una muchacha desarrolla una idolatría por mujeres; los padres, primero, se resienten con enojo por ello, pero apenas si la toman en serio; ella misma sabe bien la fuerza con que eso la reclama, pero experimenta muy poco de las sensaciones de un enamoramiento intenso hasta que, a raíz de una determinada frustración, se produce una reacción por completo excesiva, que muestra a todos los interesados que se está frente a una pasión devoradora, de fuerza elemental. De las premisas requeridas para la irrupción de semejante tormenta anímica, tampoco la muchacha notó nunca nada. En otros casos encontramos muchachas o señoras en graves depresiones, que, preguntadas por la causación posible de su estado, dan por referencia que han sentido, sí, un cierto interés por determinada persona, pero no lo tomaron muy a pecho y muy pronto despacharon ese asunto después que fue forzoso abandonarlo. Y no obstante, esta renuncia, al parecer sobrellevada tan fácilmente, se ha convertido en la causa del grave trastorno. O bien encontramos hombres que han puesto fin a superficiales relaciones con mujeres, y sólo por los fenómenos subsiguientes no pueden menos que enterarse de que estaban enamorados con pasión de ese objeto presuntamente menospreciado. También cabe el asombro por los insospechados efectos que pueden derivar de un aborto artificial, el acto de matar el fruto del vientre, decisión que se había tomado sin remordimiento ni vacilación. Así, nos vemos precisados a dar la razón a los creadores literarios que nos describen de preferencia personas que aman sin saberlo, o que no saben si aman, o creen odiar cuando en verdad aman. Parece que justamente el saber que nuestra conciencia recibe de nuestra vida amorosa puede ser incompleto, lagunoso o falseado con particular facilidad. En estas elucidaciones, desde luego, no he dejado de descontar la parte de un olvido en que pudo incurrirse con posterioridad.


Reflexiones de Freud

La psicología es también una ciencia natural. ¿Qué otra cosa puede ser? Pero su caso es de diverso orden. No cualquiera osa formular juicios sobre cosas físicas, pero todos -el filósofo tanto como el hombre de la calle- tienen su opinión sobre cuestiones psicológicas y se comportan como si fueran al menos unos psicólogos aficionados. Y aquí viene lo asombroso: que todos -o casi todos- están de acuerdo en que lo psíquico posee efectivamente un carácter común en que se expresa su esencia. Es el carácter único, indescriptible pero que tampoco ha menester de descripción alguna, de la condición de conciente. Se dice que todo lo conciente es psíquico, y también, a la inversa, que todo lo psíquico es conciente. Que sería algo evidente, y un disparate contradecirlo. Ahora bien, no puede aseverarse que con esta decisión se arroje mucha luz sobre la esencia de lo psíquico; en efecto, ante la condición de conciente, uno de los hechos fundamentales de nuestra vida, se detiene la investigación como frente a un muro.
...El psicoanálisis se sustrajo de estas dificultades contradiciendo con energía la igualación de lo psíquico con lo conciente. No; la condición de conciente no puede ser la esencia de lo psíquico, sólo es una cualidad suya, y por añadidura una cualidad inconstante, más a menudo ausente que presente. Lo psíquico en sí, cualquiera que sea su naturaleza, es inconciente, probablemente del mismo modo que todos los otros procesos de la naturaleza de los cuales hemos tomado noticia.


Parafraseando a Helene Deutsch

Por el Lic. Juan Courrèges.
Existen personas que sólo pueden tener amores pero no amar; en otras palabras, tan sólo pueden experienciar el amor como un éxtasis de sentimiento, con una superestimación sin crítica, que no tiene nada que ver con el valor real del objeto. La felicidad consiste aquí en la satisfacción completa de los determinantes inconscientes de la relación amorosa, más que en el armónico amor objeto con su real superación de la ambivalencia. Tan pronto como el éxtasis ha pasado, el amor desaparece. Queda indiferencia u odio con respecto a la persona tan ardientemente amada antes…. Se comienza a desvalorizar, entonces lo antes sobreestimado. Se trata de un proceso automático en el que todos los sentimientos y anhelos negativos hipercompensados y suprimidos por el éxtasis aparecen ahora en primer plano. Toda la primera felicidad amorosa es deformada en el recuerdo y sólo se evoca la parte desagradable de la relación. El proceso intensivo de apasionamiento exagerado salta en la dirección opuesta. El examen más detenido muestra que estas personas aman a un fantasma, a un ideal ficticio al que temporalmente dan un nombre real. Después de un período más o menos largo vuelven a experienciar el mismo entusiasmo amoroso por otro fantasma, que sufrirá el mismo destino.

Prejuicios

Por el Lic. Juan Esteban Courrèges.
Hay una creencia considerablemente extendida en relación a la vida de pareja. De acuerdo a ella sería esperable que, con la estabilidad en el tiempo, la edad y la rutina, el vínculo se iría desgastando necesariamente.
Nada tan equivocado: no es un devenir natural de la pareja. De hecho hay parejas que, con el tiempo, no sólo no se enfrían sino que mejoran su relación incluso desde el punto de vista sexual.
Algunos objetaran presentando innumerables ejemplos en sentido contrario pero en esos casos se trata o bien de dificultades no resueltas o bien del fin del amor y el deseo respecto de determinada persona lo cual es diferente de un desarrollo natural de una relación.