lunes, 6 de septiembre de 2010

BETINA.

Por el Lic. Juan Esteban Courrèges.

Betina a los 35 años tenía una visión más equilibrada de sí misma: en su adolescencia había gozado de los beneficios de un cuerpo que si bien no era el de una modelo o una vedette se encontraba bastante por encima del término medio. Esto le había llevado, empujada por el exceso de todo a aquella edad, a pensar que era más deslumbrante de lo que realmente era. Luego vinieron los desengaños o quizás sea mejor decir los ajustes a la realidad de la biología y de la edad.
Fue testigo después de los 24 años que "esos kilos que fácilmente subían y fácilmente bajaban" sólo fácilmente subían, que tener ese cuerpo adolescente implicaba una inversión de  tiempo y dinero nunca antes pensada pero 6 horas semanales en el gimnasio le permitían pasar parcialmente desapercibida en los boliches que frecuentaban personas casi 10 años más jóvenes.
Había empezado una carrera no tanto porque tuviese una vocación definida sino por una especie de inercia que la llevaba a tratar de reproducir un ambiente social similar al del colegio.
Al mismo tiempo a base de un rendimiento regular pero sostenido había progresado en el trabajo al punto que, con lo justo, le permitía vivir sola.
En una oportunidad tuvo que rendir materias que exigieron un esfuerzo extra. El abandono de la carrera estuvo determinado por varios factores: muchas veces la exigencia de tiempo de cursada y el estudio implicaba un menoscabo estético, por el tiempo que le sacaba al gimnasio, porque comía un poco más de los acostumbrado, porque la inversión del dinero que exigía no le permitía mantener actualizado su guardarropa y porque la obligaba a perderse ese fin de semana adolescente con el que se obsequiaba y que, sabía, estaba condenado a terminarse.
A los 35 Betina vivía sola, con un trabajo con el que podría subsistir, una carrera universitaria abandonada. Salía, ahora con esfuerzo, con chicos más jóvenes que  no la tomaban muy en serio. Empezaba a desembocar en otro tipo de relación: hombres de su edad solos o casados. Empezó a sentir un profundo malestar. 

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